Proyecto Nada

Si Evita reencarnara, sería ucraniana

Publicado en Reflexiones de Hernán por Hernán en Enero 7, 2010

Si Evita viviera

sería montonera

Canción popular de Montoneros

Tras el anuncio de que no sólo que Evita reencarnó sino que es ucraniana, Proyecto Nada se complace en dar a conocer a su fina audiencia qué próceres y/o políticos argentinos resucitarán o resucitaron, en forma de qué y en dónde, tras una importante investigación (o sea, irme a la parte de atrás de un restorán chino para encontrarme con una coreana -no pregunten- que tira las cartas).

- Manuel Belgrano: la espiritista que consulté lo señala como un prominente líder político gay de Uganda, como fruto de la estigmatización histórica que lo tildaba de maricón por un supuesto “aflautamiento” de su voz. Pero como tienen problemas mayores que la igualdad de género (como por ejemplo, esas boludeces del hambre y las enfermedades fatales que diezman a la población), nadie oirá sus reclamos. Morirá triste, solo y puto.

- Fernando de la Rúa: Aunque no está muerto, la pitonisa hace un gesto de “miro al banco y pido cambio”, y susurra por lo bajo:  “Este se va a tomar un helicóptero con Sandro”. “¿Entonces?”, pregunto, para escuchar como respuesta un “fáidolar, plís”. Abonando la consulta, asegura que será el bajista de una banda tributo a Slayer de California. En algún momento, intentando en vano afinar su instrumento, gritará “IS THIS BORING OR WHAT?”. Acto seguido, un terremoto borrará dicho estado de la faz de los Estados Unidos, con la consecuente destrucción de todos sus habitantes, playas y Arnold Schwarzenegger.

- José Luis Massera: Reencarnó en Richard Heene. Consultado sobre el paradero de su hijo, diría “se lo llevó el viento, no figura en ningún lado, está desaparecido”. La pitonisa asegura que Videla reencarnaría en un futuro abogado que demandaría a Heene por copiarle la frase. A esta altura, empiezo a pensar que la japonesa -no pregunten- se zarpó en paco.

- Carlos Menem Jr.: En una mariposa. Ante mi gesto de “¿y a mí qué?”, la pitonisa me vaticinó que esa mariposa comería el néctar de una flor, que a su vez agitaría el polen de dicha planta, sería arrastrado por el viento, pasando por los tornados en Pehuajó, Cariló, Cutral-Có y Wawan-Có hasta finalmente llegar a Buenos Aires, donde entraría en la fosa nasal de un colectivero de la línea 37 que perdería fatalmente el control de su colectivo tras estornudar producto de un brutal ataque de alergia, y como consecuencia de eso, los choques en cadena producidos en la avenida Las Heras haría que el auto de súper lujo en el que Menem padre se transporta se estrole irremediablemente contra el camión que lleva al toro ganador del concurso de La Rural de ese año, de forma tal que el bovino caiga sobre el techo del automóvil del ex presidente matándolo tras una larga y dolorosa agonía. “O puede que no”, me dijo.

Suponiendo que me podía estar verseando, decidí levantarme, no sin antes intimidarla con la mirada y desafiarla: “A ver si la tenés tan clara. ¿Y Perón? ¿El general?”. La vietnamita – no pregunten- me señaló con un huesudo dedo (o con un hueso de pollo a medio comer, en rigor) y me dijo “Perón sos vos, y todos nosotros. Peronistas somos todos”. Ahí supe que me había cantado la posta.

Una obra de teatro anti sistema en tres actos

Publicado en Reflexiones de Hernán por Hernán en Diciembre 22, 2009

Preludio

Paradoja de la vida, si las hay. Situación inicial: cobertura de evento equis, dictada por un brasilero. En cuestión, las novedades -sin dudar, interesantísimas para el cosmos- radican en la utilización de toda la tecnología habida y por haber para monitorear las respuestas y patrones de consumos del consumidor (pun not intended). Desde lecturas termales satelitales hasta cámaras que monitorean los sitios más visitados. Porque claro, se sabe que no hay nada más directo en el marketing que espiar al consumidor de tu preciada marca.

Acto 1: Los marginados de la educación

En cualquier caso, saliendo de ahí, Manu -blogger también presente en este Proyecto- y yo caminamos por la calle Florida. El evento era en Plaza de Mayo, y ambos tenían que llegar hasta Retiro para abordar el Mitre. Por iniciativa mía, le sugerí caminar por Florida, para ver qué había.

Llegando al inicio de dicha calle, se me da por comprar un ramillete de jazmines para mi novia -en el fondo, soy un tierno-. Imitando mi gesto, Manu decide comprar uno igual para la madre. ¿Costo? Dos mangos cada ramo.

- No tengo monedas -dice el vendedor, ante la vista de un billete de cinco pesos-.

- Hagamos una cosa -abro la billetera-. Te doy también una moneda de un mango, y me das dos de vuelto.

- …….

Tras unos instantes de silencio y no sin reticencia, el vendedor -no debía tener más de quince años- acepta, claramente sin tener idea alguno del proceso matemático.

Se cierra el telón.

Acto 2: Historias, historias

Tras esa situación, seguimos nuestro camino por Florida. Llegando a uno de los puestos de vendedores ambulantes, decido también comprarle un vestidito a mi novia -después pregúntense por qué no llego a fin de mes-. Muy amable, la señora se queda hablando con Manu y conmigo.

Vendedora: – Decime una cosa, ¿sos vendedor?

Yo: – Eeeem, no. ¿Por?

Vendedora: – No, por como te desenvolvés.

Manu y yo: – Es que somos periodistas.

Vendedora: – ¡Aaaah! Chicos, ustedes tendrían que escribir sobre todo lo que pasa acá. Pasan cosas todos los días, hay quilombos con la policía, con los vendedores, con los transas… no es nada fácil estar acá.

Tras concederle la razón, argumentamos que por una cuestión del medio en el que escribíamos no sería posible, pero que no dudábamos de la veracidad de dichos argumentos. Luego de afectuosos saludos y sonrisas, seguimos nuestro camino.

Se cierra el telón.

Acto 3: De cómo en la calle Florida se armó un mitín anti UCEP


Llegando a Corrientes, y comentando los diferentes mundos que hay en un solo mundo, nos encontramos con un puestero -claramente brasilero: afroamericano y parlante de un portuñol chapuceado- que vendía cartucheras de Mafalda. Nos paramos a ver qué había, y se me dio por elegir una -que, como fui más rápido de manos, le gané a Manu en la elección-. Mientras ella se agachaba para ver más motivos, yo pispeo dos sombras que se acercan, de azul/negro, enfierradas y sin la menor identificación.

Agente 1: – Policía Federal. ¿Tiene autorización?

Vendedor: – No, pero, ¿por qué empieza a ver por acá?

Agente 1: – Porque sí. A todos les está molestando.

Vendedor:  – A nadie le molesta.

Agente 1: – Sí. Así que si no tenés nada, vas levantando tus cositas y te vas.

Vendedor: – Pero si yo acá estoy tranquilo, ganándome el sueldo.

Agente 1: – (patea la mochila con las cosas del vendedor) Mirá, a mí no me importa un carajo.

Vendedor: – (se levanta con vehemencia y le clava la mirada al policía) ¿Por qué me pateás las cosas?

Agente 1: – Mirá, a mí no me ponés esa miradita. Acá las cosas son así, si no te gusta, volvete a tu país, ¿está clarito?

Vendedor: – ¡Yo te estoy tratando con respeto!

Agente 1: – No me levantés el tonito. Acá es así. Y no se te ocurra mirarme así que a mí no me vas a hacer arrugar. Yo tengo secundario completo, ¿vos qué tenés, eh? Andá, levantá tus cositas y rajá de acá.

Agente 2: – Dale que sino te labramos una acta de contravención.

Vendedor: – (empieza a levantar las cosas) ¡Pero yo te estoy tratando con respeto, no me pateés las cosas!

Agente 1: – Yo no te pateé nada.

Manu: – Sí que se los pateó, yo lo ví.

Agente 1: – No, yo no pateé nada, ¿o vos lo viste?

Yo: – Así es, yo también lo ví.

Transeúnte 1, 2 y 3: – Yo también.

Transeúnte 1: – Es una falta de respeto lo que usted está haciendo, oficial. Usted supuestamente tiene que proteger, no hacer estas cosas.

Agente 1: – Pero el señor está acá instalado sin permiso…

Transeúnte 2: – Como sea, usted no tiene derecho a patearle así las cosas. A ver, dígame, ¿por orden de quién está acá?

Agente 1: – Del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Transeúnte 1: – ¿Y por qué empezó por acá?

Transeúnte 3: – Es obvio que lo hizo porque el señor es de otro color.

Agente 1: – De ninguna manera, empezamos acá porque empezamos por acá.

Transeúnte 3: – Qué justificación. En vez de estar robando, que es donde ustedes supuestamente tendrían que estar, protegiendo, están acá haciéndole esto a un pobre tipo que está laburando.

Agente 1: – En cualquier caso, nosotros cumplimos órdenes.

Manu: – Bueno, ¿sabe qué? Yo soy periodista. Hagamos una cosa: deme sus datos, por favor.

Agente 1: – No lo tengo.

Yo: – Ah, genial. ¿O sea que se supone que te tenemos que creer que sos policía?

Agente 1:- Sí, es que…

Yo: – Perfecto. Ustedes tienen la obligación de salir debidamente identificados, vos no tenés placa ni nada, ¿y lo estás apurando a este tipo porque no tiene documentos?

Agente 1: – Eeemm…

Agente 2: – Bueno, sabés qué, voy a buscar al supervisor.

Todos: – ¡Llamalo por handy!

Agente 2: – El handy no está para eso.

Todos: – ¿Y para qué está entonces?

Agente 2: – Es que no nos podemos comunicar con él.

Agente 1: – Aparte, es mentira que lo maltratamos.

Manu: – Lo vimos todos.

Yo: – La discriminación fue impresionante. ¿Sabes qué? Yo tengo un terciario completo, que es más que un secundario. Así que bajo el mismo criterio mandate a mudar y no rompás las pelotas.

Agentes 1 y 2: – No dijimos nada.

Como conclusión, el agente 2 se fue y no volvió, el 1 nos dio un nombre y número de placa que no necesitamos ni corroborar para saber que es trucho (Martínez es un apellido genérico como pocos, y el número era claramente fruta). Lagente, la tan dichosa lagente, por una vez se paró adelante de la cana. Bah, cana: uniformados no identificados, en la era fascista de Macri, no era demasiado difícil deducir que estos señores eran de la UCEP, órgano parapolicial supuestamente desmantelado.

Se cierra el telón.

Epílogo

Con un sabor agridulce, seguimos rumbo a Retiro, completamente anonadados por lo que habíamos visto. Porque por un lado, Manu que unos instantes antes reflexionaba sobre cómo habría sido vivir en los ‘70, lo paladeó en carne propia; por el otro, yo que cada día tengo menos fé en la humanidad, tuve una pequeña luz de esperanza. Todavía hay gente que se le planta adelante a las injusticias, a las inequidades, incluso si sus máximos exponentes portan una 9 milímetros y no tienen identificación alguna. Decididamente, los que tienen miedo son ellos.

La división masculina: el hombre “Mac” vs. el hombre “Pc”

Publicado en Reflexiones de Manu por Manu en Diciembre 21, 2009

El comienzo de la relación

El inicio de la relación con Mac suele ser orgásmico. Rápido, accesible, sin demasiadas vueltas y enfocado tan sólo a lo que realmente importa. Las relaciones con Pc, en cambio, suelen tener un inicio tortuoso. Casi como si tuvieran que procesar siete libros de instalación para poder subirse al auto y dirigirse a la primera cita. Todo esto con la concreta posibilidad de hacer algo mal (hecho que acompañará a la pareja hasta el final de sus días manifestándose en pequeños inconvenientes cotidianos).

La apariencia

Un usuario de Mac será, siempre, el acompañante elogiado por todas y cada una de las mujeres presentes en cualquier evento. Por su diseño, elegancia y simplicidad, es probable que el susodicho despierte más de un suspiro entre el público femenino. Pc, en cambio, siempre encontrará a su mujer justificando su apariencia con el siguiente pretexto: “Era más barato y por lo general sirve para las funciones básicas. Digo por lo general porque siempre existen esos momentos en los que su mente se cuelga y parece que nunca más se va a despertar”.

La dinámica

Las mujeres de Mac encontrarán su relación más sencilla. Con una pareja siempre concentrada y predispuesta para resolver los problemas, la terapia de pareja será, tan sólo, una temática de conversación con sus amigas PC. En cambio, las parejas de PC tendrán frecuentes problemas de “conexión”, en especial aquellas que se entregaron a las “bondades” de los “Vista” o cualquier sistema operativo nacido después de la generación “DOS”.

La aparición de los problemas

Con una pareja Mac, los problemas se resuelven de un modo muy práctico. En caso de aparecer algún elemento digno de enviar al “trashbox”, tendrán que arrastrar la discusión hacia la papelera de reciclaje y se encontrarán con un agradable sonido de victoria. En tanto, las mujeres de Pc siempre tendrán que revisar, dentro de todos los recuerdos de la relación, si en algún espacio –al cual jamás tendrán acceso directo- existen rezagos de aquel inconveniente. Sin tener jamás una confirmación lógica, las mujeres se entregan a la fe para poder seguir adelante.

El deseo por los otros

La monogamia es algo importante para Mac. Con una relación totalmente diseñada de a dos, es casi imposible que una mujer decida compartir a su hombre con cualquiera de sus amigas. Por el contrario, las mujeres PC se manifiestan siempre predispuestas a entregar a su hombre alegando: “Si lográs hacerlo funcionar, te lo regalo”.

La intimidad

La vida sexual de una pareja Mac suele ser muy bien calificada. Sin sobrecalentarse, el hombre Mac sabrá complacer a su mujer con una larga vida de actividad y ningún inconveniente coyuntural. Los encuentros suelen ser fluidos, siempre actualizados con las últimas modificaciones en el Kamasutra digital y, por sobre todas las cosas, sin interrupciones. Las mujeres PC no corren con la misma suerte. “Al principio todo funcionaba medianamente bien. Después empezaron los problemas. No le interesaba innovar, cada vez duraba menos y, muchas veces, tuve que mandarlo al médico porque ni siquiera arrancaba”.

Lo simple vs. Lo complicado

Los hombres Mac se sienten compatibles con cualquier tercero que llegue para mejorar la relación. Al hablar un idioma universal, suelen sufrir mínimas complicaciones a la hora de sincronizarse con lo nuevo. Pc, por el contrario, se siente incómodo frente a la situación y suele hacer las cosas más complicadas para que su mujer desista del intento.

El rendimiento

Un hombre mac tiene la capacidad de poder desarrollar incontables actividades simultáneas sin perder de vista las necesidades de su mujer. Una pareja de Pc tendrá que conformarse con una sola tarea, tomarse un café y esperar a que su marido la finalice, si no muere en el intento.

El amor en tiempos de cólera

Las mujeres Mac encontrarán en su pareja a un personaje siempre activo, en buen estado físico y eternamente deseable. Inclusive en las reuniones familiares podrá deleitarse con los ancestros de su pareja quienes, aunque un tanto diferentes, serán atractivos hombres mayores. Las mujeres de PC no cuentan con la misma suerte. Habiendo prometido amor tanto en la salud como en la enfermedad, destintan diariamente algunas horas para mantener a su pareja protegida de los terribles virus que acechan a su especie.

Pink Floyd: The Wall | A 30 años

Publicado en Reflexiones de Hernán por Hernán en Noviembre 30, 2009

Corría el 2002. Mi viejo exaltadísimo ante una noticia que fue fundamental: la visita por primera vez a nuestro país de Roger Waters. Yo no tenía mucha idea de quién era. Mi vieja me dijo “es el bajista de Pink Floyd, los que hacen The Wall”. Fue chorearle el disco a mi viejo y enamorarme, en una décima de segundo. Desde el principio de la melodía introductoria simil cancioncita de cuna que se repite hacia el final de los 80 minutos de la mejor historia conceptual jamás creada, me dí cuenta de que estaba frente a algo único. Claro está que en aquel momento no fui a ver a Waters, y me quedé con no poca calentura, aunque después tendría mi revancha en 2007 cuando lo ví al maestro junto con mi viejo, lo cual fue doblemente importante para mí.

Entre el disco y la película, el concepto del album que hoy cumple 30 años de vida es claro: la alienación que una persona puede sentir respecto a lo que es, las preguntas y cuestiones sobre su pasado, el deber y el querer, las vicisitudes modernas, la guerra, el amor, el sexo… todas las características y vicios occidentales modernas se ponen en jaque en Pink, el protagonista de la obra pergeñada por Waters y Bob Ezrin –quien ofició de co productor externo-. Pero claro está que esto no es una novela, y el aporte del resto de los muchachos es más que claro. La guitarra filosa e inconfundible de David Gilmour presente en solos como Mother, Comfortably Numb y Hey You, bastan para pararle los pelos a cualquiera. Los pases de Nick Mason, uno de los bateros más sutiles que jamás haya agarrado las baquetas, junto con los teclados omnipresentes –pero no saturantes, lo cual no es menor- del recientemente fallecido Richard Wright, completan el concepto musicalmente, dejándolo sin agujeros o falencias. Y aunque uno, como fan cabeza, pueda entender que hay discos mejores de Floyd, sólo el Dark Side of the Moon alcanzó el mismo nivel de universalidad.

En fin, luego de esa maravillosa experiencia que fue escuchar The Wall por primera vez, no es exageración decir que mi vida cambió. Está bien que ya tenía algún acercamiento a este maravilloso género que es el rock progresivo, pero fue el primero que me marcó realmente a fuego y me dio una identidad musical a la que hoy en día me apego. Cada vez que lo escucho le encuentro cosas nuevas y entiendo por qué refleja tanto no sólo al mundo moderno, sino a la típica angustia imposible de eliminar en tanto no haya un cambio que permita de una vez por todas, que cada quién tire abajo su propio muro.

No deja de ser curioso que esta inmensa obra de arte que intenta develar la locura cotidiana en la que vivimos (tópico harto tratado por Waters) se haya convertido en el ícono de consumo que es, siendo que va absolutamente en contra de él. Una vez más, no resta más que sacarse el sombrero ante la perversión e inteligencia del sistema.

En una época en la que lagente tiende a encerrarse detrás de muros cada vez más altos –entiéndase en un doble sentido-, este disco muestra cuáles son las consecuencias. En cualquier caso, a treinta años del muro universalmente reconocido como ícono, es triste ver que algunas cosas no sólo no cambiaron, sino que hasta empeoraron.

Las instituciones siguen siendo picadoras gigantes de carne.

Las personas se siguen ocultando detrás de muros de objetos de consumo, propagados por el terror a sí mismos, al prójimo y a la sociedad.

Las drogas siguen siendo una vía de escape hacia la nada misma.

Y la pared parece estar cada día más alta. Está en nosotros ver qué hay fuera de ella.

Como reflexión final, hay rumores citados en la página oficial de Waters que mantienen que el bajista saldría de gira una vez más en 2010 y 2011, con este mismo disco. Habrá que prender velas.

Muerte y resurrección de Carlos Menem, el chiste de Eblog que dejó en evidencia al periodismo digital argentino

Publicado en Reflexiones de Manu por Manu en Noviembre 23, 2009


“Che, dicen que se murió Menem”, susurró un colega del medio publicitario para el que escribo. “¿Quién dice?”, preguntó otro. “Eblog”, respondió desde su escritorio quien había tirado la bomba en la redacción. Como Lalo Zanoni, periodista y autor del blog en cuestión, me merecía respeto suficiente, decidí entrar y ver qué es lo que estaba pasando. El título “Menem 1930-2009” y la foto del ex presidente argentino, fueron un condimento desafiante como para, al menos, sembrar la duda en mis redes sociales y comenzar a indagar en otras redacciones sobre el tema. “Trabajo en La Nación y acá están todos locos chequeando el dato”, escribió una lectora anónima en Eblog. “En Infobae están todos moviendo contactos para verificarlo”, confesó en el mismo espacio otro periodista.

Sin certezas, la web se hizo eco de lo que sucedía y las redes sociales explotaron –al ritmo en el que los comentarios en el blog de Zanoni colapsaban-. Según me cuenta la herramienta desarrollada por Google para analizar la cantidad de búsquedas que un término tuvo en una determinada fecha, “Menem” desbordó. Las redes sociales, en tanto, protagonizaron otra batalla. Cinco minutos después de lanzada la noticia, en Twitter ya existían dos trending topics: #turcomuerto y #menem. Una usuaria, rápida de reflejos, reflexionó sobre el tema y denunció que la elección de uno u otro manifestaba una posición con respecto a sus políticas de Estado.

*Fuente: Google / Nótese el incremento de búsquedas.

En tanto, los cientos de twitteos al respecto y las inconmensurables menciones en Facebook, así como también la momentánea aparición de la supuesta fecha de deceso del ex presidente en Wikipedia, no fueron reflejadas en ninguno de los medios digitales que levantan, desde sus fallidos slogans, la bandera del nuevo periodismo. Sin saberlo, Zanoni dejó en evidencia el desprecio que los grandes medios digitales le tienen a sus lectores. En tanto, quedará para un futuro debate cuál será la penalización que los usuarios le pondrán a Eblog en cuanto el autor salga a explicar si se trató de una broma, de una información no verificada o de un hackeo en su cuenta. Sin embargo, y pese a haber eliminado el posteo de la polémica, los lectores siguen manifestando su descontento hacia el blog (espacio que no les fue negado, a diferencia de lo que sucede cuando los lectores quieren criticar la labor del staff de algunos medios digitales).

Pese a que sería injusto e inexacto hablar de “sociedad” –por los exorbitantes niveles de pobreza y escasas, aunque crecientes, conexiones a la Web- una porción de la misma sí se manifestó en Internet. Los medios, de nuevo, respondieron con un silencio de tumba mientras buscaban en sus agendas contactos que les permitiesen conseguir la tan abultada primicia. Estimadísimos colegas, les cuento que el concepto de primicia ya es arcaico.

Nadie pretendía que publicasen, sin verificar, la muerte del ex mandatario. Nadie dice que el periodismo 2.0 es un periodismo que, por la instantaneidad de los hechos, deba perder el imprescindible chequeo de información. Pero no comentar las repercusiones que desató la duda sembrada por Eblog, es –sin analizar políticas editoriales- quitarle el micrófono a una multitud y, por sobre todas las cosas, dejar en evidencia que lejos están de querer entrar al nuevo paradigma de comunicación en donde los usuarios tienen un poder antes restringido y acaparado por el periodismo. En tanto, para publicar las imágenes de los “ciudadanos” sobre hechos recientes –a los que sus equipos de producción no accedieron- o gastar espacio de sus portadas para invitar a los lectores a participar de una encuesta –que jamás será reflejada en una nota- son mandados a hacer.

Mientras que en las redacciones los teléfonos colapsaban, la gente se seguía manifestando. Me pregunto cuál hubiera sido el tratamiento de la información si la gente se hubiera acercado al obelisco –a llorar o festejar-. Supongo que ahí, las cámaras y los micrófonos no hubiesen faltado, ¿por qué? Sencillo: porque esas son manifestaciones tangibles y no digitales. Y esta diferencia, mis estimadísimos autoproclamados periodistas 2.0, no existe. Subestimar la expresión de la gente en la web e intentar conseguir ingresos a su página bautizándose como los “medios de la gente” –en respuesta a la búsqueda de participación que los usuarios comenzaron a manifestar con el auge de las nuevas tecnologías- es quizás una de sus mayores contradicciones.

Habilitar, en algunos casos, espacios para comentarios en las notas, tener foros o incursionar en las redes sociales no es democratizar la información. Repito: de nada sirve tener un Twitter si el único interés es captar la mayor cantidad de “followers” posibles y no leer lo que los usuarios tienen para decir. La actualización “casi al instante” y la web como plataforma de desarrollo no son las únicas diferencias que los separa de los medios en papel. Algunas claves del periodismo digital: la posibilidad de realizar coberturas multimedia, la capacidad de conocer cuáles son los verdaderos intereses de los lectores –reflejados en los rankings de notas que actualizan cada cinco minutos para ver cuán lejos o cuán cerca se encuentran de su competencia- y, por último y más importante, la posibilidad de escuchar a sus lectores.

Ninguna escuela de periodismo enseña hoy lo que significa la ruptura del modelo de comunicación unidireccional. Pocos realmente comprenden lo que significa el nuevo de paradigma al que estamos ingresando y, lo que es peor, la mayoría se abraza a los viejos tiempos en los que el “cuarto poder” manejaba a piaccere la información. La gente está dando batalla de guerra, lo publiquen o no. Por eso, estimadísimos y cómodos periodistas “digitales”, sobrevivirá el más apto. A saber, el que comprenda que la era del “publico lo que quiero” se terminó y que la sociedad está dispuesta a dejar en evidencia a todos y cada uno de nuestros juegos editoriales fallidos.