Proyecto Nada

Si Evita reencarnara, sería ucraniana

Posted in Reflexiones de Hernán by Hernán on enero 7, 2010

Si Evita viviera

sería montonera

Canción popular de Montoneros

Tras el anuncio de que no sólo que Evita reencarnó sino que es ucraniana, Proyecto Nada se complace en dar a conocer a su fina audiencia qué próceres y/o políticos argentinos resucitarán o resucitaron, en forma de qué y en dónde, tras una importante investigación (o sea, irme a la parte de atrás de un restorán chino para encontrarme con una coreana -no pregunten- que tira las cartas).

Manuel Belgrano: la espiritista que consulté lo señala como un prominente líder político gay de Uganda, como fruto de la estigmatización histórica que lo tildaba de maricón por un supuesto “aflautamiento” de su voz. Pero como tienen problemas mayores que la igualdad de género (como por ejemplo, esas boludeces del hambre y las enfermedades fatales que diezman a la población), nadie oirá sus reclamos. Morirá triste, solo y puto.

Fernando de la Rúa: Aunque no está muerto, la pitonisa hace un gesto de “miro al banco y pido cambio”, y susurra por lo bajo:  “Este se va a tomar un helicóptero con Sandro”. “¿Entonces?”, pregunto, para escuchar como respuesta un “fáidolar, plís”. Abonando la consulta, asegura que será el bajista de una banda tributo a Slayer de California. En algún momento, intentando en vano afinar su instrumento, gritará “IS THIS BORING OR WHAT?”. Acto seguido, un terremoto borrará dicho estado de la faz de los Estados Unidos, con la consecuente destrucción de todos sus habitantes, playas y Arnold Schwarzenegger.

José Luis Massera: Reencarnó en Richard Heene. Consultado sobre el paradero de su hijo, diría “se lo llevó el viento, no figura en ningún lado, está desaparecido”. La pitonisa asegura que Videla reencarnaría en un futuro abogado que demandaría a Heene por copiarle la frase. A esta altura, empiezo a pensar que la japonesa -no pregunten- se zarpó en paco.

Carlos Menem Jr.: En una mariposa. Ante mi gesto de “¿y a mí qué?”, la pitonisa me vaticinó que esa mariposa comería el néctar de una flor, que a su vez agitaría el polen de dicha planta, sería arrastrado por el viento, pasando por los tornados en Pehuajó, Cariló, Cutral-Có y Wawan-Có hasta finalmente llegar a Buenos Aires, donde entraría en la fosa nasal de un colectivero de la línea 37 que perdería fatalmente el control de su colectivo tras estornudar producto de un brutal ataque de alergia, y como consecuencia de eso, los choques en cadena producidos en la avenida Las Heras haría que el auto de súper lujo en el que Menem padre se transporta se estrole irremediablemente contra el camión que lleva al toro ganador del concurso de La Rural de ese año, de forma tal que el bovino caiga sobre el techo del automóvil del ex presidente matándolo tras una larga y dolorosa agonía. “O puede que no”, me dijo.

Suponiendo que me podía estar verseando, decidí levantarme, no sin antes intimidarla con la mirada y desafiarla: “A ver si la tenés tan clara. ¿Y Perón? ¿El general?”. La vietnamita – no pregunten- me señaló con un huesudo dedo (o con un hueso de pollo a medio comer, en rigor) y me dijo “Perón sos vos, y todos nosotros. Peronistas somos todos”. Ahí supe que me había cantado la posta.

Una obra de teatro anti sistema en tres actos

Posted in Reflexiones de Hernán by Hernán on diciembre 22, 2009

Preludio

Paradoja de la vida, si las hay. Situación inicial: cobertura de evento equis, dictada por un brasilero. En cuestión, las novedades -sin dudar, interesantísimas para el cosmos- radican en la utilización de toda la tecnología habida y por haber para monitorear las respuestas y patrones de consumos del consumidor (pun not intended). Desde lecturas termales satelitales hasta cámaras que monitorean los sitios más visitados. Porque claro, se sabe que no hay nada más directo en el marketing que espiar al consumidor de tu preciada marca.

Acto 1: Los marginados de la educación

En cualquier caso, saliendo de ahí, Manu -blogger también presente en este Proyecto- y yo caminamos por la calle Florida. El evento era en Plaza de Mayo, y ambos tenían que llegar hasta Retiro para abordar el Mitre. Por iniciativa mía, le sugerí caminar por Florida, para ver qué había.

Llegando al inicio de dicha calle, se me da por comprar un ramillete de jazmines para mi novia -en el fondo, soy un tierno-. Imitando mi gesto, Manu decide comprar uno igual para la madre. ¿Costo? Dos mangos cada ramo.

– No tengo monedas -dice el vendedor, ante la vista de un billete de cinco pesos-.

– Hagamos una cosa -abro la billetera-. Te doy también una moneda de un mango, y me das dos de vuelto.

– …….

Tras unos instantes de silencio y no sin reticencia, el vendedor -no debía tener más de quince años- acepta, claramente sin tener idea alguno del proceso matemático.

Se cierra el telón.

Acto 2: Historias, historias

Tras esa situación, seguimos nuestro camino por Florida. Llegando a uno de los puestos de vendedores ambulantes, decido también comprarle un vestidito a mi novia -después pregúntense por qué no llego a fin de mes-. Muy amable, la señora se queda hablando con Manu y conmigo.

Vendedora: – Decime una cosa, ¿sos vendedor?

Yo: – Eeeem, no. ¿Por?

Vendedora: – No, por como te desenvolvés.

Manu y yo: – Es que somos periodistas.

Vendedora: – ¡Aaaah! Chicos, ustedes tendrían que escribir sobre todo lo que pasa acá. Pasan cosas todos los días, hay quilombos con la policía, con los vendedores, con los transas… no es nada fácil estar acá.

Tras concederle la razón, argumentamos que por una cuestión del medio en el que escribíamos no sería posible, pero que no dudábamos de la veracidad de dichos argumentos. Luego de afectuosos saludos y sonrisas, seguimos nuestro camino.

Se cierra el telón.

Acto 3: De cómo en la calle Florida se armó un mitín anti UCEP


Llegando a Corrientes, y comentando los diferentes mundos que hay en un solo mundo, nos encontramos con un puestero -claramente brasilero: afroamericano y parlante de un portuñol chapuceado- que vendía cartucheras de Mafalda. Nos paramos a ver qué había, y se me dio por elegir una -que, como fui más rápido de manos, le gané a Manu en la elección-. Mientras ella se agachaba para ver más motivos, yo pispeo dos sombras que se acercan, de azul/negro, enfierradas y sin la menor identificación.

Agente 1: – Policía Federal. ¿Tiene autorización?

Vendedor: – No, pero, ¿por qué empieza a ver por acá?

Agente 1: – Porque sí. A todos les está molestando.

Vendedor:  – A nadie le molesta.

Agente 1: – Sí. Así que si no tenés nada, vas levantando tus cositas y te vas.

Vendedor: – Pero si yo acá estoy tranquilo, ganándome el sueldo.

Agente 1: – (patea la mochila con las cosas del vendedor) Mirá, a mí no me importa un carajo.

Vendedor: – (se levanta con vehemencia y le clava la mirada al policía) ¿Por qué me pateás las cosas?

Agente 1: – Mirá, a mí no me ponés esa miradita. Acá las cosas son así, si no te gusta, volvete a tu país, ¿está clarito?

Vendedor: – ¡Yo te estoy tratando con respeto!

Agente 1: – No me levantés el tonito. Acá es así. Y no se te ocurra mirarme así que a mí no me vas a hacer arrugar. Yo tengo secundario completo, ¿vos qué tenés, eh? Andá, levantá tus cositas y rajá de acá.

Agente 2: – Dale que sino te labramos una acta de contravención.

Vendedor: – (empieza a levantar las cosas) ¡Pero yo te estoy tratando con respeto, no me pateés las cosas!

Agente 1: – Yo no te pateé nada.

Manu: – Sí que se los pateó, yo lo ví.

Agente 1: – No, yo no pateé nada, ¿o vos lo viste?

Yo: – Así es, yo también lo ví.

Transeúnte 1, 2 y 3: – Yo también.

Transeúnte 1: – Es una falta de respeto lo que usted está haciendo, oficial. Usted supuestamente tiene que proteger, no hacer estas cosas.

Agente 1: – Pero el señor está acá instalado sin permiso…

Transeúnte 2: – Como sea, usted no tiene derecho a patearle así las cosas. A ver, dígame, ¿por orden de quién está acá?

Agente 1: – Del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Transeúnte 1: – ¿Y por qué empezó por acá?

Transeúnte 3: – Es obvio que lo hizo porque el señor es de otro color.

Agente 1: – De ninguna manera, empezamos acá porque empezamos por acá.

Transeúnte 3: – Qué justificación. En vez de estar robando, que es donde ustedes supuestamente tendrían que estar, protegiendo, están acá haciéndole esto a un pobre tipo que está laburando.

Agente 1: – En cualquier caso, nosotros cumplimos órdenes.

Manu: – Bueno, ¿sabe qué? Yo soy periodista. Hagamos una cosa: deme sus datos, por favor.

Agente 1: – No lo tengo.

Yo: – Ah, genial. ¿O sea que se supone que te tenemos que creer que sos policía?

Agente 1:- Sí, es que…

Yo: – Perfecto. Ustedes tienen la obligación de salir debidamente identificados, vos no tenés placa ni nada, ¿y lo estás apurando a este tipo porque no tiene documentos?

Agente 1: – Eeemm…

Agente 2: – Bueno, sabés qué, voy a buscar al supervisor.

Todos: – ¡Llamalo por handy!

Agente 2: – El handy no está para eso.

Todos: – ¿Y para qué está entonces?

Agente 2: – Es que no nos podemos comunicar con él.

Agente 1: – Aparte, es mentira que lo maltratamos.

Manu: – Lo vimos todos.

Yo: – La discriminación fue impresionante. ¿Sabes qué? Yo tengo un terciario completo, que es más que un secundario. Así que bajo el mismo criterio mandate a mudar y no rompás las pelotas.

Agentes 1 y 2: – No dijimos nada.

Como conclusión, el agente 2 se fue y no volvió, el 1 nos dio un nombre y número de placa que no necesitamos ni corroborar para saber que es trucho (Martínez es un apellido genérico como pocos, y el número era claramente fruta). Lagente, la tan dichosa lagente, por una vez se paró adelante de la cana. Bah, cana: uniformados no identificados, en la era fascista de Macri, no era demasiado difícil deducir que estos señores eran de la UCEP, órgano parapolicial supuestamente desmantelado.

Se cierra el telón.

Epílogo

Con un sabor agridulce, seguimos rumbo a Retiro, completamente anonadados por lo que habíamos visto. Porque por un lado, Manu que unos instantes antes reflexionaba sobre cómo habría sido vivir en los ’70, lo paladeó en carne propia; por el otro, yo que cada día tengo menos fé en la humanidad, tuve una pequeña luz de esperanza. Todavía hay gente que se le planta adelante a las injusticias, a las inequidades, incluso si sus máximos exponentes portan una 9 milímetros y no tienen identificación alguna. Decididamente, los que tienen miedo son ellos.

Pink Floyd: The Wall | A 30 años

Posted in Reflexiones de Hernán by Hernán on noviembre 30, 2009

Corría el 2002. Mi viejo exaltadísimo ante una noticia que fue fundamental: la visita por primera vez a nuestro país de Roger Waters. Yo no tenía mucha idea de quién era. Mi vieja me dijo “es el bajista de Pink Floyd, los que hacen The Wall”. Fue chorearle el disco a mi viejo y enamorarme, en una décima de segundo. Desde el principio de la melodía introductoria simil cancioncita de cuna que se repite hacia el final de los 80 minutos de la mejor historia conceptual jamás creada, me dí cuenta de que estaba frente a algo único. Claro está que en aquel momento no fui a ver a Waters, y me quedé con no poca calentura, aunque después tendría mi revancha en 2007 cuando lo ví al maestro junto con mi viejo, lo cual fue doblemente importante para mí.

Entre el disco y la película, el concepto del album que hoy cumple 30 años de vida es claro: la alienación que una persona puede sentir respecto a lo que es, las preguntas y cuestiones sobre su pasado, el deber y el querer, las vicisitudes modernas, la guerra, el amor, el sexo… todas las características y vicios occidentales modernas se ponen en jaque en Pink, el protagonista de la obra pergeñada por Waters y Bob Ezrin –quien ofició de co productor externo-. Pero claro está que esto no es una novela, y el aporte del resto de los muchachos es más que claro. La guitarra filosa e inconfundible de David Gilmour presente en solos como Mother, Comfortably Numb y Hey You, bastan para pararle los pelos a cualquiera. Los pases de Nick Mason, uno de los bateros más sutiles que jamás haya agarrado las baquetas, junto con los teclados omnipresentes –pero no saturantes, lo cual no es menor- del recientemente fallecido Richard Wright, completan el concepto musicalmente, dejándolo sin agujeros o falencias. Y aunque uno, como fan cabeza, pueda entender que hay discos mejores de Floyd, sólo el Dark Side of the Moon alcanzó el mismo nivel de universalidad.

En fin, luego de esa maravillosa experiencia que fue escuchar The Wall por primera vez, no es exageración decir que mi vida cambió. Está bien que ya tenía algún acercamiento a este maravilloso género que es el rock progresivo, pero fue el primero que me marcó realmente a fuego y me dio una identidad musical a la que hoy en día me apego. Cada vez que lo escucho le encuentro cosas nuevas y entiendo por qué refleja tanto no sólo al mundo moderno, sino a la típica angustia imposible de eliminar en tanto no haya un cambio que permita de una vez por todas, que cada quién tire abajo su propio muro.

No deja de ser curioso que esta inmensa obra de arte que intenta develar la locura cotidiana en la que vivimos (tópico harto tratado por Waters) se haya convertido en el ícono de consumo que es, siendo que va absolutamente en contra de él. Una vez más, no resta más que sacarse el sombrero ante la perversión e inteligencia del sistema.

En una época en la que lagente tiende a encerrarse detrás de muros cada vez más altos –entiéndase en un doble sentido-, este disco muestra cuáles son las consecuencias. En cualquier caso, a treinta años del muro universalmente reconocido como ícono, es triste ver que algunas cosas no sólo no cambiaron, sino que hasta empeoraron.

Las instituciones siguen siendo picadoras gigantes de carne.

Las personas se siguen ocultando detrás de muros de objetos de consumo, propagados por el terror a sí mismos, al prójimo y a la sociedad.

Las drogas siguen siendo una vía de escape hacia la nada misma.

Y la pared parece estar cada día más alta. Está en nosotros ver qué hay fuera de ella.

Como reflexión final, hay rumores citados en la página oficial de Waters que mantienen que el bajista saldría de gira una vez más en 2010 y 2011, con este mismo disco. Habrá que prender velas.

Deseo de juventud, terror a los jóvenes

Posted in Reflexiones de Hernán by Hernán on noviembre 13, 2009

Forever young, I wanna be forever young

Alphaville , “Forever Young”

Bipolar disorder

Can’t deal with the boredom

Porcupine Tree, “Fear of a Blank Planet”

En consecuencia, se puede reconocer la existencia de jóvenes no juveniles –como es el caso de muchos jóvenes de sectores populares que no gozan de la moratoria social y no portan los signos que caracterizan hegemónicamente a la juventud-, y de no jóvenes juveniles –como ciertos integrantes de sectores medios y altos que ven disminuido su crédito vital excedente pero son capaces de incorporar tales signos-.

Mario Margulis y Marcelo Urresti, “La juventud es más que una palabra”

¿Alguna vez se ha preguntado usted, estimado lector, para qué quiere la juventud? Podría parafrasear a Bonavena, con su famosa frase “la experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado”, pero con todo lo previamente citado creo que alcanza. Algo que me llama poderosamente la atención de nuestros días (faaa, qué ampuloso) es la asombrosa necesidad de hacer que el reloj gire para atrás.

Ahora que la TV por cable volvió a mi vida (habiendo demostrado tras un año de estar sin ella que sí, el ser humano puede sobrevivir e incluso mucho mejor de lo pensado), he vuelto a ver esas hermosas propagandas (publicidades) en las que se insta a mujeres a mantener su cutis siempre esbelto y hermoso con todo el rigor de la ciencia, y su intestino siempre vacío con todo el rigor de los alimentos lácteos. Como siempre me pasa a la hora de escribir algo, se me viene a la cabeza lo que estoy estudiando en la facultad (a quien no lo sepa: estudio sociología en la UBA, por si el perfil no me delataba lo suficiente). Y curiosamente, estamos tratando el tema de la cultura, cultura popular y cultura juvenil.

La primera reflexión que me viene a la mente es si la popular y la juvenil no son, de alguna manera, contradictorias. ¿Qué quiero decir con esto? Sencillo: hay en los diferentes estratos sociales un pánico inexplicable a los jóvenes, pero una constante necesidad de renovar la juventud propia. Esto se puede observar en innumerables aspectos de la vida cotidiana: tenemos a señoras que claramente ya excedieron su cuota de juventud (no quiero herir susceptibilidades de colegas de este humilde espacio de expresión, pero me refiero a Mirtha, Susana, Moria… ahora que reparo, es curioso como sólo con el nombre uno sabe a quién se refiere. ¿Cómo se construye un símbolo así?), que condenan todo tipo de actividades de los jóvenes.

Cuando una señora en sus cincuenta se pone todo tipo de barnices para parecer joven, está bien. Cuando un muchacho en sus veinte realiza actividades inherentes a ser joven, está mal.

Sin embargo, acá hay que hacer un parate, ya que hay que resaltar que hay un tipo de joven que está bien, hay otro que es neutro y hay otro que está mal. El primero es el target de todas las publicidades, el que todo padre quisiera como novio de su hija, y no por casualidad, el que menos tiende a preguntarse ciertas cosas. El neutro es el que se la pasa angustiado y deprimido: la anomia durkheimiana al extremo, donde la infinita cantidad de opciones lo agobia e inmoviliza. El último de todos, el que está mal, es el que no tiene las posibilidades culturales de parecerse a los cánones hegemónicos de lo que es ser joven. Es el que no tiene el tiempo suficiente para dedicarse a parecer ya que tiene otras ocupaciones, como por ejemplo ganarse el mango.

No hay que ser brillante para ver el sesgo de clase que dichas afirmaciones tienen. Susana no quiere ser joven como el pibe de catorce años que cartonea porque en la familia no hay un mango. Quiere ser joven como la piba de 30 que parece de 20. Ahora, en términos cuantitativos… ¿cuántos jóvenes existen en cada categoría?

Cuando Mirtha sale a pedir que el gobierno “tiene que reprimir más”, se refiere a los jóvenes que son jóvenes pero no son juveniles, de acuerdo a los estándares de juventud. “El mito es a-político”, dice Roland Barthés en Mitologías, su célebre ensayo destinado a desbaratar las formas de la burguesía de reproducir un pensamiento estanco, mítico y atemporal que colabore al perpetuamiento de los valores dominantes. ¿Qué mayor mito que el de la juventud eterna? Y dentro de la juventud, ¿qué mayor mito que el de la juventud a-política?

Divas de la TV, ustedes también son un mito. Con todo lo que eso simboliza. ¿Quieren juventud?

Ya está llegando.

Agarren sus cacerolas de teflón, que los jóvenes vienen marchando con hambre. Y contra eso, no hay crema que valga.

La militanci@ del Siglo XXI

Posted in Reflexiones de Hernán by Hernán on noviembre 11, 2009

Con el teclado en la mano
y el mouse en el corazón
a que junto mil chabones
que opinan como yo

Cantata Facebookera, Hugo de la Autopistacibernética

En sus épocas de juventud, el general se apodaba “P-R0|\|”.

Ah, del tiempo. Hace un millón de años, cuando Perón todavía no había inventado a la internés en aquel maravilloso 17 de octubre del año cero (luego la historia se definiría como AP y DP, antes o después de Perón), la gente salía a la calle para manifestar sus ligeras inquietudes. Paparruchadas, desde “qué caro que está el tomate”, o “qué bajos están los sueldos”, o “18 horas por día de trabajo me parecen un exceso”. Así, hace ya varios años, surgieron grupos que, pretendiendo zanjar el viejo dilema entre la teoría y la práctica, pusieron su granito de arena (o por qué no, sus fierros) para que las cosas cambien un poco.

Si usted, madre o padre consternado por los tiempos que corren, teme que su hijo o hija pueda tener esas locas salidas (principalmente vinculadas con la pertenencia a algún grupúsculo político y/o brazo armado del mismo), no tiene de qué temer. La humanidad ha avanzado en todos los sentidos posibles, y gracias a eso hoy podemos (1) afirmar que esa es una etapa que ha quedado en el pasado. ¿Dónde está la gente? Pues, sencillo.

Afortunadamente, el odio ancestral hacia las grandes conglomeraciones de seres humanos, pero a la vez la necesidad de las mismas dada la gregariedad de la humanidad, ha dado lugar a una comunidad en la que todos se conocen con todos pero nadie conoce a nadie. Y es ahí, en las redes sociales, donde la gente está (2), es donde puede verse con una facilidad asombrosa la capacidad de los usuarios para creer que están haciendo algo, cuando no sólo no están haciendo absolutamente nada más que hacerle un mimo a su culpa pequebú, sino que están formando parte de una de las mayores bases de datos que la humanidad haya podido gestar pa-

Interrumpimos esta transmisión para un agradable mensaje a todas aquellas agencias de marketing y/o de servicios de inteligencia que puedan estar leyendo este post, de ninguna manera dando a entender que ambas puedan ser lo mismo o tener las mismas intenciones.

BUENAS NOCHES SEÑORES! OJALÁ TENGAN UN PLACENTERO SUEÑO, Y SI ALGUIEN PREGUNTA, MI NOMBRE ES ÁLVARO SEISDEDOS Y SOY AFILIADO A LA UCEDÉ, REVISEN SI NO ME CREEN!

Gracias por su comprensión.


Decía entonces, que gracias al avance de la tecnología que llega a niveles previamente insospechables, se está alzando un nuevo pro-hombre, el auténtico hombre nuevo que tanto soñaban desde Nietzsche, pasando por Hitler y el Che (ja, los extremos se tocan. Qué ocurrente). Así, el ubermensch es aquel cuyo pulso no tiembla a la hora de adherirse a grupos tales como:

– A que encuentro 10.000 personas que prefieren fresco y membrillo antes que fresco y batata.

– HAY KE JUNTAR 95000 PERSONAS PARA KE SE VAYA KRISTINA, LA MONTONERA REVANCHISTA

– Yo no voté a Macri!

– Yo paso el despertador cinco minutos más!!!!

– en las fotos carnet del deeneí tengo una cara de mamerto insoslayable!

En fin, asumo (3) que entendieron el punto. A lo que voy es que es de una facilidad colosal esto de levantar el dedito sólo para apoyarlo nuevamente en el mouse y creer que eso es un acto político, de cualquier magnitud, así sea pequeño como el poro de un preservativo (aunque según la santa sede, el virus del sida pasa. Así está el cosmos).

Lo que me llama poderosamente la atención es que, más allá de estos zapatos incurables, existe gente dedicada a esta suerte de militancia cibernética.

Muchos sabrán que soy visitante frecuente de Taringa (no se preocupen: hago descargas, pero poseo los originales de todo lo que me bajo). Últimamente se viene llevando a cabo una suerte de debate, en el cual se descubrió que había usuarios que se dedicaban exclusivamente a crear posts en favor o en contra de X (reemplácese X por el político que usted desee); que había usuarios que se daban puntos entre sí para que sus posts propagandísticos sean más leídos; y que dichos usuarios a su vez acusaban de post basura a los contrarios, para que sean borrados por los moderadores.

Acá bien podría irme por las ramas del pseudo republicanismo y empezar una perorata sobre el consenso del disenso, y los grandes valores de la tolerancia. Pero como soy un tirapiedras incurable, lo que más me gustaría decir es que estaría excelente que aquellos que hacen click (4) sentados cómodos en sus casas, levanten las posaderas de su asiento y salgan a la calle. Incluso aunque sean de tendencias políticas francamente repudiables. Porque aquellos que miran con asco las noticias de los cortes de ruta y piensan “esta gente sólo está para joder a los demás”, no se contenta con adherirse a los miles que quieren algo por féisbuc. Y no creo que sea coincidencia que estos pseudo militantes virtuales coincidan con una precisión quirúrgica con aquellos que arrugan la nariz ante huelgas, protestas o paros, y sean los que se contentan cuando algún monstruo farandulero televisivo pide mano dura (ese sí que no pide clicks duros, ¿no?).

Los que de verdad luchan, ya sea con la palabra, con la acción, o con lo que puedan, no lo hacen mediante redes sociales. Después de todo, cuando a la derecha del menú de opciones de la red social sospechada de haber sido creada por la CIA, De Narváez ofrece su amistad virtual, uno no puede más que sospechar.

(1) Quien esto escribe y su alter ego.

(2) Sólo por el momento, obviaremos el descomunal detalle de que “gente” implica “tenedor de PC, notebook, o algún implemento que permita acceder con una frecuencia más o menos alta a internet, la cual preferentemente deberá ser banda ancha de 1 mb, al menos”.

(3) Mi alter ego se fue corriendo, murmurando algo así como “¿Quién carajo le dijo a la CIA que soy afiliado a la Ucedé?”.

(4) Cualquier tipo de coincidencia con aquellos que consideran que “el voto es el punto más álgido de la democracia”, es casual. O por ahí no.