Proyecto Nada

I (L) mi shisha

Posted in Reflexiones de Anto, Reflexiones de mi Shisha by mafaldachan on noviembre 19, 2009

Todo empezó como un juego, como una aventura cultural dentro del cuarto de una amiga, pero ahora es un placer íntimo, unas vacaciones surcando las volutas de humo que salen de mi boca.

La shisha, narguila, narguilé, o como quieran llamarlo, es un objeto que implica un lindo momento para uno mismo. Y no es un consolador, mal pensados.

Incluso cuando se fuma en grupo da lugar a la reflexión, a la retrospectiva y a las proyecciones (¿vieron que los sex toys no tenían nada que ver?).

Es increíble sentir como la cabeza se vuelve más ligera y las ideas flotan tranquilas en una nube blanca que uno mueve a gusto y piaccere.

No insistan, no es droga. Lo que uno fuma es tabaco puro, saborizado con miel y esencia de frutas, flores… nada de nicotina, ni de alquitrán.

Es fascinante la variedad de tabacos disponibles. Hay para todos los gustos: de melón, manzana verde o roja, cerezas (demasiado dulce para mí), y hasta hay uno multifrutas, que tiene gusto a Baggio.

También existe el tabaco de jazmines o de rosas (combinados quedan exquisitos), el de anís y hasta el de coca – cola, que nunca probé pero debe ser más raro que el chupetín bolita de Arcor que venía de ese sabor.

Paso a explicar: la narguila es básicamente una botella (llamada“shisha” en árabe), que tiene en su boca un caño símil metal del que sale un boquilla a la que se le conecta una manguera, que a su vez tiene otra boquilla en el otro extremo, por la que se fuma.

En el tope del tubo metalizado, cual cáliz de una flor, se encuentra un receptáculo para el tabaco. Se estiran las hojas dentro de lo posible y se lo recubre con un poco de papel aluminio como el que se usa para cocinar.

Sobre esa preparación se coloca un pedazo más bien chico de carbón encendido. El problema se plantea al momento de comprar dicho carbón: ¿natural o en pastilla?

Todo un dilema, ya que el primero es difícil de prender pero más sano, y el segundo es más cómodo, pero si es de mala calidad se prende sólo en la hornalla de una cocina, y larga humo negro.

Como dije antes, la narguila se puede fumar solo o en compañía. Lo primero tiene la particularidad de permitir la introspección, la mirada sobre uno mismo. Como el mate, pero diferente.

También permite que uno se siente a escribir en la computadora (dice ella, dejando la boquilla sobre el piso de su balcón, desde donde bloguea colgada del wi fi de un vecino).

Fumar en grupo implica mantener algunas costumbres, muy lindas por cierto, del estilo de que el tabaco lo prepara el dueño de la narguila, que sólo se apoya en el suelo o que la manguera se deja en la mesa antes de que la tome otro.

La primera vez que vi una narguila fue en Año Nuevo de 2004, en Grecia, cuando fui a visitar a una amiga. Ella y sus conocidos se reunieron a celebrar y obviamente la shisha estaba en el centro.

Después aprendí que era algo común entre las culturas mediterráneas como la árabe, la judía, la griega y hasta en el sur de España, por motivos que se caen de maduros. La cosa es que es mi aventura cultural, como ya dije antes.

No sé por qué, pero a pesar de la aversión que le tengo a los cigarrillos de tabaco comunes, fumar shisha me gusta. Es inexplicable y por lo tanto es inútil intentar justificarlo: sólo me gusta tomarme unas vacaciones dentro de mí, surcando las volutas de humo para que me lleven, quizás, a la mente de otro, a un mundo amigo.