Proyecto Nada

Footing

Posted in Reflexiones de Lu, Uncategorized by Lu on noviembre 6, 2009

Ellos pasaron esquivándome mientras corrían por la Avenida Libertador a la altura de Callao. Más bien, tendría que decir que venían haciendo “footing” porque al colectivo precisamente, no lo corrían.
wordLlegué al semáforo de la esquina y ahí estaban, trotando en el lugar, mientras uno, con voz jadeante, le decía al otro:
-”Yo le digo a mi hijo, o sometés o te somenten. Los que son sometidos son los que se mueren. Vos tenés que ser más inteligente….”

Y ahí mismo cortó el semáforo. Ellos volvieron a esquivarme y se perdieron por la caudalosa Libertador.
Y yo me quedé pensando en dónde realmente radica la inseguridad y la violencia de la que ellos después se quejan.

El nativo, yo inmigrante

Posted in Reflexiones de Lu by Lu on octubre 25, 2009

facebookLo nuestro no pudo ser. No hubiera podido ser nunca. No por la falta de amor. El sentimiento resiste a las generaciones, a la historia, todo lo puede y lo espera.
No, no fue por falta de amor.
Fue por esa muralla inmensa que nos separaba. Esa brecha comunicacional y tecnológica: él era casi un nativo digital, y yo apenas una inmigrante. Para él Internet era algo que venía incluido en las Pcs, nunca había escuchado el sonido de un módem al conectarse, nunca había tenido que resignar el teléfono de línea para navegar, nunca siquiera había oído el emocionante sonido del ICQ, el golpe cuando alguien ingresaba al chat, el “kiu kiu” cuando llegaba un mensaje. No, él nunca. El tenía otro concepto de esperar, para él es todo ya, ahora, mensaje de texto rápido, abreviado y mal escrito (tuve que hacer un curso para entender los mensajes de texto que me mandaba). El teléfono de línea como un adorno más de la casa que sólo suena para ofrecer promociones, las películas se podían tener ya, cuando quisieras aunque sean un estreno y ni que hablar de los discos. El cartero sólo traía impuestos.  Los aparatos no llevaban pilas, se cargaban con la máquina. No discriminaba entre tele abierta y cable. Si se perdía el programa de Capusotto, lo buscaba en Youtube.
Lo que para él era “retro” para mi era nostalgia. A las películas del Festival de Cine Retro, por ejemplo, yo las había visto en el cine, cuando se estrenaron, claro. El tal vez las haya visto en el 13 un domingo lluvioso. (Eso si, de esos pochochos no se cuanto y de las otras golosinas por las que hay que votar no tengo idea. Tal vez sea porque vivía en el conurbano y esas cosas no llegaban).
Perdón si me pierdo en recuerdos y cuestiones, es la edad.
Prosigo. En ese desorden de cosas nimias pero gigantes que nos separaban, estaba su facilidad para hablar por MSN con 10 personas al mismo tiempo sobre los más variados temas, escribir esos nicks inmensos que a mi me dificultaban entender cuándo comenzaba la conversación y cuando terminaba el estado. Asumo que tenia características de otra generación: odiaba los fotologs y temía ingresar en el mundo del Facebook, pero aún así, lograba interactuar fácilmente y sin preámbulos a cualquier nueva tecnología o programa que se lanzase. Se asombraba ante mi asombro constante de inmigrante digital.  Para mi era revolucionario tener acceso a tantas cosas al mismo tiempo y tan fácilmente, para él era algo normal.
Fue  la brecha tecnológica lo que acrecentó nuestras diferencias generacionales. Y no crean que soy una degenerada. No salía con uno de 15. Acá se está hablando de dos personas adultas y mayores de edad.
Pero no, pese al amor, no pudo ser. 
Por eso, una noche de jueves, le mandé un mensaje de texto que decía: No Kiero +.
Y a los cinco minutos, sonó el teléfono de línea de casa. Era él.
Para decirme que me conecte, porque no tenía más crédito.