Proyecto Nada

De Nito y Charly a Don Omar y Arjona

Posted in Reflexiones de Manu by Manu on enero 19, 2010

Es larga la carretera cuando uno mira atrás. Vas cruzando las fronteras, sin darte cuenta”, cantaba yo cuando todavía era una infante y viajaba en el auto de mi musicalmente depresivo padre (sí, no hay otra descripción: era Sui Generis o Silvio Rodriguez). El tiempo pasó y con el tiempo, además de incorporar sus no tan lúdicos gustos musicales comencé a redescubrir aquellas letras que, por el oficio de la repetición, carecían de un sentido cuando me asomé en la adultez. Podrán imaginarse cómo me pegaron entonces algunos temas tales como Cuando comenzamos a nacer, Aprendizaje, El oso y demás.

Después de redescubrir algunos significados, comencé a preguntarme qué le sucedería a la generación post ochentas. Aquella que creció sin el amparo de algunos discazos y hermanada con el reggaeton, la cumbia y demás estilos. Mi target: aquellos que no tuvieron padres que los encaminaron por los senderos de la buena música.

A continuación, algunas reflexiones.

Pasame la botella, quiero beber en nombre de ella”, cantarán los nuevos adultos y ocultarán su desasón al recordar su primera borrachera junto con sus hijos. “Eran otras épocas hijo. El país era diferente, la juventud… uy la juventud, todos teníamos sueños; queríamos armar nuestra propia banda de cumbia y salir de gira por Latinoamérica”, recordarán.

Atrevetete, salte del closet. Destapate, quitate el esmalte. Deja de taparte, que nadie va a retratarte”, tararearán en familia. “Pa, ¿cuál es el significado de esta canción?”, se inmiscuirá el infante. “En aquellos años, no toda la música tenía significado. Pero este tema… este tema –suspira-. Todavía me acuerdo cuando los gobiernos debatían si los homosexuales debían o no tener los mismos derechos”, retrucará el padre.

Hijo: “Pero, ¿qué es eso?”

Madre/Padre o Tutor: “Bueno, durante algún tiempo la gente utilizaba una palabra diferente para referirse a las personas que se enamoraban de otras de su mismo sexo”.

Hijo: “¿Osea que no se podían casar, ni tener hijos, ni nada?”

Madre/Padre o Tutor: “Claro”

Hijo sorprendido:  “¿En serio? Wow, se lo voy a contar a mis compañeros”.

Ay qué dolor, queda nada para mí, queda nada para vos”, sonará. “Dejame adivinar, ¿está hablando del faso?”, se preguntará el hijo. “No, no en este caso. Pero sí, por esa época hablar de la marihuana era un acto de rebeldía. Sentíamos que estábamos batallando una revolución. La revolución del hombre nuevo: fumado y sin ningún tipo de conciencia social”, recordará el adulto.

Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra. Llevarte a la cama era más fácil que respirar. Tu teléfono es de total dominio popular y tu colchón tiene más huellas que una playa en pleno verano”, suena en la tarde. “Hijo, escuchá y aprendé. Es Arjona, el músico preferido de mamá. Con este tema la enamoré”, relata. “Sí, aprendé. Fue un romántico, el último romántico. Manejaba el arte de la metáfora con una soltura que nadie logró a igualar”, agregará la madre.

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